19 de agosto de 2013

A vueltas con el vino y sus propiedades para la salud


El vino es uno de los elementos clave de la dieta mediterránea. Su presencia en nuestra mesa se remonta al esplendor de la Grecia y la Roma clásicas, pueblos reputados por haber contribuido al desarrollo y difusión de dicha bebida. A pesar de que en la actualidad las autoridades sanitarias se esfuercen por concienciarnos de los peligros de su consumo excesivo, los especialistas no dejan de subrayar sus múltiples beneficios para el equilibrio de nuestro organismo. En dosis moderadas, el vino puede constituir todo un elixir de salud. Conozcamos un poco más de cerca sus bondades, abogando siempre por una ingesta responsable. Así, se considera que beber una copa de vino al día puede ser positiva para:

- Prolongar nuestra esperanza de vida. Diversos estudios concluyen que una dosis ligera de esta bebida alcohólica (entre 22 y 32 gramos) puede servir para disminuir el riesgo de mortandad. Ni la cerveza ni otras bebidas espirituosas poseen tal efecto.

-Proteger el corazón. Está comprobado que el consumo de vino de forma moderada sirve para reducir las posibilidades de sufrir enfermedades cardíacas y complicaciones como el infarto de miocardio.

-Mejorar el sistema circulatorio. Gracias a su acción anticoagulante o antitrombótica, tomar una copa de vino ocasionalmente previene la formación de coágulos sanguíneos. Además, puede contribuir a evitar la formación y avance de la aterosclerosis o endurecimiento de las paredes arteriales. Los polifenoles que contiene ayudan a mantener los vasos sanguíneos en buen estado al promover la producción de óxido nítrico.  

-Controlar la presión arterial. El vino en pequeñas dosis sirve para mantener bajo control los niveles de la tensión en personas con tendencia a sufrir hipertensión. La clave está en tomar un máximo de dos copas de esta bebida junto con la comida. Eso sí, no hay que olvidar que más allá de ese límite estaremos provocando el efecto contrario en nuestro organismo.

-Reducir los cálculos renales. Se ha demostrado que el consumo ocasional de vino es beneficioso para combatir las piedras en el riñón.

-Prevenir el Alzheimer. Aunque faltan datos concluyentes, hoy por hoy se acepta que el vino puede contribuir a evitar el deterioro cognitivo y enfermedades relacionadas con el sistema neuronal. El resveratrol y el polifenol son los responsables de dicho efecto, actuando como neuroprotectores.

Además de todos los puntos positivos enumerados, no terminan aquí los beneficios del consumo moderado u ocasional de vino. La investigación en torno a este tema es especialmente prolífica y no deja de sorprendernos con insospechadas aplicaciones de una de las bebidas alcohólicas más populares a nivel mundial. Se han descrito recientemente nuevas propiedades en el tratamiento de tumores, funcionando como inhibidor del crecimiento de las células cancerígenas. Y no solo eso: podría ser un excelente apoyo en casos de osteoporosis, cataratas e incluso caries dental. 

A la vista de todo ello, ¿quién podría resistirse a un buen brindis?

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